Expresa tus sentimientos

Expresa tus sentimientos

 

¿Sabes cuándo hablar o cuándo callar? ¿Te cuesta expresar lo que sientes? ¿No sabes cómo decir cuánto quieres a esa persona especial?

Muchas veces nos sentimos bloqueados a la hora de expresar nuestras emociones, sentimientos y formas de pensar. Pensamos que si decimos algo tan nuestro como lo que sentimos hacia una persona, ésta puede acabar utilizándolo en nuestra contra, que se va a reír o que nos hará más vulnerables en dicha relación. En otras ocasiones, se trata de lo contrario, hablamos cuando es mejor callar, no siempre es necesario decir lo que se siente, sobre todo, si con ello no se aporta nada o vas a herir a la persona y a ti mismo. Ejemplos de estas actitudes son expresiones del tipo “Nunca digo lo que siento, prefiero guardármelo para mí” o “Perdóname lo que te voy a decir, pero soy muy sincera y necesito decir lo que siento”. Ambas posturas son extremas y erróneas, pero desafortunadamente muy comunes. Debemos encontrar maneras más adecuadas de comunicar lo que sentimos, aunque ésto no siempre es fácil; en muchas ocasiones, ésto requiere cierto entrenamiento pero a largo plazo merece la pena por la ganancia en bienestar social, personal y relacional.

Por regla general, es conveniente y saludable decir siempre lo que sentimos, es decir, hablar sinceramente y desde el corazón, teniendo en cuenta ciertos derechos asertivos que existen en toda comunicación humana como pueden ser el derecho a cambiar de opinión, a ser escuchado, tratado con respeto y expresar los propios sentimientos y opiniones, entre otros. Si bien, lo adecuado es expresar lo que sentimos, no quiere decir que lo hagamos necesariamente con el destinatario de nuestros sentimientos. En ocasiones, es mucho más acertado buscar a otra persona para compartirlos, alguien que nos de confianza y que sepamos que nos podrá comprender y escuchar.

Poder hablar, cuando tenemos la necesidad de ello, y saber callar cuando es preciso, también es un entrenamiento que beneficiará nuestro equilibrio emocional. Para llevarlo a cabo, lo primero sería identificar qué sentimos y, una vez que lo sabemos, deberíamos determinar para qué queremos decirlo o de qué nos sirve callarlo.

A continuación proponemos una serie de situaciones en las que sería conveniente callar o expresar nuestros sentimientos:

  • CUANDO CALLAR:

  1. Cuando estamos enfadados y la ira nos ciega, terminaremos descontrolando la situación y diciendo cosas que en realidad no sentimos. Es preferible salir de la situación, tomar aire, calmarse, pensar en lo sucedido y, cuando se haya enfriado el ambiente, terminar de expresarnos.

  2. Cuando no tenemos claro nuestros sentimientos. Antes de hablar con el destinatario/a de nuestros sentimientos y exponernos a una situación que no tiene vuelta a atrás, es mejor sopesar todas las opciones, hablarlo con otras personas si es preciso, escuchar puntos de vista diferentes, y sólo cuando se tenga claro lo que se siente, comunicarlo a dicha persona.

  3. Cuando lo que se quiere comunicar sólo provocará dolor a ambas partes. Suelen ser cuestiones del pasado que por mucho que se hablen no se podrán solucionar. Para ello, podemos utilizar otro tipo de estrategias adecuadas y liberar el dolor enquistado durante años. Si la relación ha mejorado con el tiempo, no es conveniente revolver el pasado produciendo un daño innecesario a ti mismo y a la otra persona, siempre que se quiera mantener el vínculo creado.

  • CUANDO HABLAR:

  1. El ejemplo más común es el de profesar amor hacia otra persona, bien sea fraternal, de pareja, filial, de amistad, etc. Cuando se ama a otra persona no es suficiente con demostrarlo, también hay que decirlo; el otro necesita escucharlo.

  2. Para mostrar gratitud hacia otra persona. Es recomendable en dos sentidos, reconocimiento a la otra persona por lo que ha hecho por ti, y personal por aceptar que tienes apoyo, ayuda y aprecio por parte de los demás.

  3. Para resolver conflictos o situaciones que ponen en peligro un vínculo entre dos o más personas. En estos casos es conveniente parar, hablar de nuestros sentimientos, lo que nos duele y lo que nos gustaría que cambiara a partir de ese momento, e intentar solventar todo aquello que afecte a la relación.

  4. Al finalizar una relación vincular. Cuando algo se rompe y se decide dar por concluido, debemos ser responsables y enfrentarnos a la situación exponiendo nuestros motivos y, sobre todo, nuestros sentimientos hacia esa persona dejando claro lo que nos ha aportado y lo que no, así como lo que nos ha dolido si es uno de los motivos de la ruptura relacional.

Por último, ofrecemos una serie de claves que te ayudarán en tu entrenamiento para expresar tus sentimientos y emociones:

  1. Rompe el silencio: una vez que hayas encontrado el lugar y el momento adecuado, no tengas miedo a expresar lo que sientes, pues lo contrario es lo que está generando conflictos, desconfianzas y recelos en dicha relación.

  2. Establece el objetivo: antes de expresar lo que sientes, pregúntate qué es lo que quieres conseguir transmitiendo el mensaje, para después sopesar si es más conveniente hablar o callar. Si decides a hablar, tener claro la finalidad te ayudará a estructurar mejor lo que quieres decir.

  3. Deshazte de la vergüenza: no permitas que el pudor te impida disfrutar del placer de expresar amor o gratitud a otra persona, y no prives a la otra persona del placer de escucharte. Si no eres capaz de vencer la timidez comienza poco a poco con personas de mucha confianza que sepas que van a tener una respuesta positiva. No hace falta que digas de golpe “Te quiero” quizás te sea más fácil decir “eres muy importante para mí”.

  4. Cuida las formas: sobre todo en mensajes negativos o con contenido de rencor, rabia o malestar no olvides que las formas hieren más que el contenido. Ten en cuenta que además de poder hacer daño a la otra persona con un mensaje mal formulado, puedes terminar teniendo que pedir perdón.

  5. Expresar no significa depender: como decíamos anteriormente, es frecuente creer que si el otro sabe lo importante que es para ti, hará uso entonces del poder que tu amor le confiere. Nada más lejos de la realidad: el poder que el otro pueda tener sobre ti no se lo otorga el hecho de saber el amor que te inspira, sino la falta de límites a consecuencia de una dependencia afectiva derivada por otros motivos que nada tienen que ver con la expresión de tus sentimientos.

 

Deja que tu corazón te diga donde ir y tu mente cómo llegar allí. No prescindas de tu intuición ni de tu razón. Combina sentimiento y conocimiento.

 

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