El arte de los malos entendidos

El arte de los malos entendidos

 

¿Sueles sacar conclusiones precipitadas con tan solo unos pocos datos? ¿Das prioridad a lo que piensas que ocurre sobre lo que la otra persona te está explicando? ¿Te enfadas regularmente por cosas que los demás crees que hacen, sin llegar a comprobarlo realmente?

En la actual cultura occidental la comunicación se está viendo alterada por diversos factores que interrumpen, distorsionan u obstaculizan los mensajes que continuamente nos enviamos los unos a los otros. Antiguamente, sólo existían unos pocos medios de transmitir información entre las personas, incluso la sola palabra de un hombre valía como la mayor de las promesas, no cabía duda de que tal cosa se iba a cumplir. Hoy en día, vivimos en un mundo donde miramos pero no vemos, oímos pero no escuchamos, tocamos pero no percibimos debido a las prisas, el estrés, las experiencias pasadas de cada uno, que en muchas ocasiones se convierten en desconfianza, y ya no sólo desconfiamos de otras personas, llegamos incluso a dudar de nosotros mismos, de nuestra percepción, de nuestra memoria…. Además de esto, existen multitud de canales comunicativos (teléfono, correo electrónico, redes sociales, mensajes de texto, etc..) por lo que estamos completamente saturados, ya no tenemos tiempo ni paciencia para escuchar a los demás, lo que ha supuesto un obstáculo para que se produzca una comunicación eficaz y profunda entre las personas.

Uno de los mayores errores que comete el ser humano es interpretar lo que los demás hacen o dicen, sin preguntar o profundizar en sus motivos o razonamientos para hacer tal o cual cosa. Inferimos en base a unos pocos datos externos, pero realizamos un trabajo interpretativo a nivel interno en el que mucho tienen que ver nuestras inseguridades, miedos y experiencias pasadas. Tal como decía Kant “No vemos el mundo como es, sino como somos” y es que, si una persona tiene tendencia a ver la vida de forma negativa, probablemente interprete un hecho neutral como algo negativo, pues son sus esquemas cognitivos (creencias arraigadas que dirigen la actuación de las personas) los que dan significado a tal hecho. Por ejemplo, ayer me crucé con mi vecino a la salida del portal, salió corriendo y me tiró los papeles que llevaba en la mano, no sólo no me saludó, ni siquiera se paró a disculparse o a ayudarme. ¿Cuál es el hecho? Que no me saludó, me tiró los papeles y no se disculpó. ¿Qué interpreto yo? Que es un mal educado. ¿Qué más interpreto? Que me debe tener manía por no apoyarle en la última reunión de vecinos. ¿Qué pasa cuando obtengo más datos? Después salió otra vecina y me comentó que nuestro vecino se acababa de enterar que su mujer había tenido un accidente y se había ido corriendo hacia el hospital. Esta es la llamada “escalada de inferencias”, es decir, suponemos cosas a partir de datos que no verificamos. Nuestro cerebro dispara cerca de 60.000 pensamientos al día y alrededor del 80% son negativos, esto quiere decir que nuestra mente siempre imagina las cosas peor de lo que son en realidad.

Solemos creer que conocemos perfectamente a nuestra pareja, a nuestros hijos, amigos, etc… pero confiamos demasiado en lo que creemos saber. Podemos hacer una inferencia o creer averiguar el siguiente movimiento, pero nunca podremos estar seguros de lo que hará o pensará otra persona, pues tiene sus propias creencias, rasgos personales y experiencias vitales. Muchos de los conflictos de pareja vienen de esta cuestión, no preguntamos al otro sobre lo sucedido, cayendo en la falacia del adivino, es decir, creemos adivinar las necesidades del otro y solicitamos que nos compensen del mismo modo telepático. Esto no hace más que interrumpir la comunicación que se supone básica en toda relación sentimental. Nadie se conoce más que a si mismo, y es preciso preguntar para saber y solicitar para hacer saber.

Os dejo una lista de preguntas que os ayudarán a cuestionaros la veracidad de los pensamientos e interpretaciones que solemos hacer a diario de forma automática. Empieza por identificar los pensamientos inferidos y después cuestiónalos, piensa que siempre hay distintas formas de ver los sucesos que nos ocurren en la vida:

  • ¿Qué datos tengo a favor de este pensamiento? ¿Y en contra?

  • ¿Cómo sabes que sucederá?

  • ¿Existen otras alternativas posibles?

  • ¿Cuál es la interpretación más probable?

  • ¿Qué le dirías a otra persona en la misma situación?

  • ¿Qué sería lo peor que podría ocurrir? ¿Y lo mejor?

  • ¿Qué será lo más probable que ocurra?

Recuerda que para evitar malos entendidos, comprueba y pregunta antes de realizar una interpretación de la situación, y sobre todo, antes de actuar y hacer algo de lo que te puedas arrepentir. ¡Las cosas no son siempre lo que parecen!

“El conocimiento se forma por el 20% de lo que sabes y el 80% de lo que supones”

 

Por Lorena González López. Tu psicólogo de confianza en Avilés

Para más información consulta en lorena@psicologiavanza.es o llamando al 619.906.108

 

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